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Tuberculosis: la pandemia no resuelta


Diagnostica tuberculosis en CIR

Adrián se había esforzado mucho para ser el mejor estudiante de su promoción, pero al hacerlo descuidó su salud. Se saltaba comidas y sus horas de sueño eran cada vez más cortas. A días de su graduación empezaron los síntomas: fiebre, escalofríos y una tos intensa que a pesar de todos los medicamentos que tomaba parecía no detenerse. Cuando el gran día llegó, decidió ignorar su enfermedad pues estaba muy distraído con la emoción y las felicitaciones, esto solo causó que los síntomas tomarán más fuerza, provocando que su tos tuviera sangre y su cuerpo estuviera más débil. Al ir al doctor descubrió que tenía tuberculosis, una enfermedad de la cual solo había escuchado en películas antiguas y pensaba que ya no existía. Sin embargo, esto está lejos de ser cierto. De acuerdo con la Organización mundial de la salud (OMS) en el 2021 más de un millón de personas murieron a causa de la tuberculosis.


La tuberculosis es una enfermedad infecciosa producida por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, que afecta a los pulmones. Algunas personas presentan síntomas a semanas de contraer la infección. Otras se pueden enfermar años después, cuando su sistema inmune se debilita por diferentes factores. En muchas ocasiones, se confunde la tuberculosis con una gripe común ya que el sistema inmunitario evita que la infección se desarrolle.

A causa de esto los expertos hacen una distinción entre la tuberculosis latente, que es cuando la bacteria está en el organismo de manera inactiva y no presenta síntomas. Si existe un descuido en la salud que debilita al sistema inmune, entonces la enfermedad se transforma en tuberculosis activa, la cual indispone al organismo y es contagiosa. La evolución de los síntomas nos puede dar señales claves de qué tipo de tuberculosis se tiene y si el caso ya es grave. “La exportación con sangre puede representar una emergencia, dependiendo de cuánta sangre se expulsa”, comenta el Dr. Efraín Sánchez Angarita, médico broncoscopista del Centro de Investigación Respiratoria (CIR).


Los más expuestos

La tuberculosis se propaga por los gérmenes que la persona contagiada expulsa al toser, estornudar, hablar o cantar. Si se respira el aire infectado, la persona se contagiará, pues este tipo de afección no se adquiere ni al tocar, besar o compartir alimentos, únicamente a través del aire. De ahí que, todas las personas en algún momento han estado expuestos a la tuberculosis. Lo que evita que se desarrolle esta enfermedad en ciertos organismos es el estado del sistema inmune. Las personas VIH, un trasplante de órgano, cáncer, diabetes melitus o bajo peso corporal, son las más expuestas, pero quien sea que descuide su salud corre el riesgo de desarrollar una tuberculosis activa. “Hemos visto casos de Covid severo que han quedado con problemas pulmonares que recibieron altas dosis de corticoides y medicamentos inmunosupresores que han desarrollado tuberculosis”, agrega Sánchez.

Para las personas que están en el grupo de riesgo es necesario hacer una detección temprana de la enfermedad. Pues la infección puede expandirse a otros órganos, a esto se lo conoce como tuberculosis extrapulmonar, y tiene la capacidad de afectar cualquier sistema de órganos desde los ganglios linfático hasta el sistema nervioso central, las articulaciones, el tracto genitourinario, el abdomen y el pericardio. De todas las mencionadas, la más peligrosa por su alta tasa de mortalidad es la tuberculosis meníngea, que afecta el cerebro.


Diagnóstico

Existen distintas pruebas de laboratorio, así como algunas más específicas y sofisticadas que ayudan al profesional de la salud a determinar si un paciente presenta tuberculosis. De acuerda con el Dr. Efraín Sánchez, una de las pruebas más sencillas es la baciloscopia en la cual el paciente en ayuna expulsa flema y la deposita en un bote administrado, esto lo tiene que hacer en tres ocasiones para llenar tres mililitros. En laboratorio se realiza una coloración que se llama Ziehl-Neelsen, se hace un cultivo y se ve en el esputo o flema si el paciente está contagiado. También se puede hacer pruebas moleculares rápidas con el esputo como el PCR que son pruebas cada vez más populares, pero también costosas. “Nos dan un diagnóstico más preciso, con una especificad de un 99% y nos dice si la tuberculosis es resistente a tratamiento o no, es decir nos dan información adicional”, asegura Sánchez.

Adicionalmente, se puede realizar un cultivo ya que se trata de una bacteria de crecimiento lento. El cultivo demora de cuatro a tres semanas, pero si el paciente no expectora, lo más probable es que la prueba salga negativa. Sin embargo, es importante tener en claro que esto no significa que el paciente no padezca tuberculosis, pues si existe una lesión en los pulmones, se debe de realizar una broncoscopia.


Tratamiento y prevención

Debido a que la tuberculosis es una problemática de gran importancia a nivel mundial, en la mayoría de las partes del mundo el tratamiento es controlado por las autoridades sanitarias de cada país. Se trata de un programa de erradicación que es dirigido por la OMS y la OPS. Cuando el paciente es diagnosticado, va al ministerio de salud publica en donde se le proveerá el tratamiento que es de mínimo seis meses, aunque puede durar un año. El tratamiento se administra vía oral y son completamente gratuitos por lo que no es necesaria la automedicación.

A pesar de que todos hemos llegado a estar expuestos a la tuberculosis, lo cierto es que, si hay manera de prevenir su contagio, y esto se logra precisamente a través unos buenos controles de la salud, una dieta balanceada y no adquiriendo hábitos dañinos como fumar o beber alcohol, especialmente si pertenecemos al grupo de riesgo. En el caso de los niños recién nacidos es importante colocarle la vacuna BCG que los protegerá hasta los quince años de edad.

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